El Colectivo me enseñó a querer la fotografía, a compartirla y a disfrutarla tanto en soledad como en compañía. Llegué a él en mi primer año de carrera y encontré algo más que un laboratorio donde revelar mis negativos. Encontré un grupo de amigos, un lugar de encuentro y, a la postre, un hogar. Hubo gente que me acogió y que no tuvo reparos en compartir sus conocimientos. Pasar tiempo en su sede me ayudó a formarme como fotógrafo pero también me hizo crecer como persona. Cuando me afilié existía un grupo de socios que trabajaban a destajo para organizar actividades, lo hacían mano a mano y esa es la filosofía que intenté llevar los años que me tocó estar en la directiva. Fue Julio Sevillano, allá por 2006, quién me animó a tomar un puesto y creo que tuve mucha suerte de estar en esa posición. Todos esos años estuvieron llenos de aventuras y experiencias muy gratificantes. Junto a Jose Gallardo, vivimos un momento muy especial. El Colectivo ya tenía una estructura, algo que ya estaba construido y nosotros lo único que hicimos fue aprovecharnos para introducir nuestro discurso, que realmente no existía, sino que se fue conformando con el hacer. La fotografía se estaba extendiendo gracias a los nuevos medios y se asentaba como eje de la cultura visual. Encontramos mucha gente con ganas de colaborar y con obra y propuestas muy interesantes. Había mucho donde elegir y mucho de lo que aprender. Lo mejor del Colectivo es que no se acaba nunca, es la materialización del amor por la fotografía y se alimenta de su gente. Es como un río, que permanece pero vive en constante cambio. Llevo un tiempo fuera de Málaga y cuando vuelvo, aunque cambien algunas caras, aún siento que vuelvo a casa. El Colectivo es, para muchos, ese lugar al que volver.

David Villalba, https://www.davidvillalba.es/